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jueves, 9 de enero de 2025

El exorcismo de Emily Rose


La historia real detrás de la película, el nombre verdadero de "EMILY ROSE" en realidad es Anneliese Michel, nació en Alemania el 21 de septiembre de 1952, Anneliese fue una joven normal de su época, era alemana y católica, sin embargo su historia se cuenta con letras escritas en sangre y odio cuando en 1975 fue sometida a varios exorcismos, falleciendo después.

Según narran, tanto Anneliese como sus familiares decidieron negarse a continuar con el tratamiento médico y psiquiátrico que le había sido recetado por su doctor, lo más extraño comenzó a suceder en los años posteriores, cuando Anneliese Michel se volvió intolerante ante todo tipo de objetos religiosos y empezó a oír voces. Su condición empeoró a pesar de la medicación e intentó suicidarse varias veces. En aquel momento Anneliese no era ya una adolescente sino una joven que caminaba hacia los veinte años.

Según narran los documentos y fuentes de la época, la chica empezó a ver imágenes diabólicas durante los rezos diarios que su madre la obligaba a realizar, a pesar de su enfermedad. Pronto a las imágenes diabólicas se sumaron las voces que la susurraban y la atormentaban diciéndole que iba a “arder en el infierno”.

Ella mencionó los “demonios” a los médicos solo una vez, explicándoles que habían comenzado a darle ordenes. Los doctores parecían incapaces de ayudarla, y Anneliese estaba cada vez en peor estado.

Anneliese empeoraba cada día, en el año 1973 la joven ya se había destrozado las rodillas en ataques de genuflexión compulsiva (de más de 600 veces al día). Anneliese olía de una manera extraña y se escondía debajo de la mesas, ladraba como un perro y según cuentan comía arañas, carbón, lamía su propia orina del suelo y podían oírse sus gritos a través de la pared durante horas. Fue en ese momento cuando sus padres, devotos católicos, Josef y Anna decidieron que su caso iba más allá de la medicina y que su hija estaba poseída por el diablo o por algún tipo de espíritu maligno, por ello llamaron a un cura católico para practicarle un exorcismo, siendo rechazados inicialmente.

En 1975 el Obispo Josef Stangl, le ordenó al Padre Arnold Renz y al Pastor Ernst a practicar un “gran exorcismo” a Anneliese. La base para este ritual era el “Rituale Romanum” tras muchas reflexiones, dos curas obtuvieron permiso del obispo local y aplicaron los ritos de un brutal exorcismo. Sólo desde septiembre de 1975 hasta julio de 1976 se le practicaron a Anneliese Michel una o dos sesiones de exorcismo por semana, los ataques de la joven eran tan fuertes que debía ser sostenida por tres hombres y ser encadenada.

Días antes de su muerte, Anneliese no comía porque creía que si se deshacía de ella misma arrancaría de su cuerpo la influencia de Satanás. En el momento de su muerte tan solo pesaba 30 kilos.

Tras su muerte sus padres fueron juzgados como posibles culpables de una muerte por desnutrición y asesinato de su hija, ya que según la autopsia que se realizó el 1 de julio de 1976, Anneliese Michel sucumbió a los efectos de la deshidratación y la desnutrición. En el momento de su muerte, sufría también neumonía y fiebre.

viernes, 31 de julio de 2020

Los fantasmas de Los Berros (Xalapa)

Esta leyenda cuenta sobre dos fantasmas se aparecen en las noches nubladas y lluviosas en el parque de Los Berros, y dice así:
Ocurrió hace mucho tiempo que unos vecinos decidieron construir una capilla cerca del parque, con el fin de tener un sacerdote que los auxiliara religiosamente. Así, empezó a erigirse la ansiada capilla, y cuando estuvo terminada, los habitantes buscaron un párroco para que se encargara de atenderla.
Nunca se supo la causa por la que ningún cura quiso hacerse cargo de la capilla. Pasados varios meses, llegó un joven sacerdote, recién salido del seminario que ocupó el curato.
Entre los nuevos feligreses de la iglesia, había una niña como de doce años, quien se distinguía por su candorosa belleza. El religioso sintió simpatía y atracción por ella desde que la vio. Con el paso del tiempo ésta se convirtió para él en una obsesión y en un amor prohibido y desesperado.
Cuando la jovencita cumplió diecisiete años y su belleza se había acentuado aún más, se enamoró de un joven que acababa de llegar de la Vieja España, el cual también estaba muy enamorado de ella. Después de un breve noviazgo, decidieron casarse.
Carmen, que así se llamaba la muchacha, le dio la noticia a su confesor. Indignado, el cura y, sobre todo, cegado por los celos, intentó convencerla de que no realizara ese matrimonio, asegurándole que su novio era un aventurero y caza fortunas. Ella no le hizo caso al sacerdote, y los preparativos de la boda continuaron.
La tarde anterior a la ceremonia, Carmen fue a la parroquia para confesarse. El clérigo la recibió malhumorado, ya que al siguiente día tenía que oficiar la misa del casamiento. Su ira fue creciendo mientras Carmen en su devoción cumplía el rito de la confesión.
El hombre no se pudo contener y se abalanzó sobre ella con la finalidad de besarla. Después de una feroz lucha, él pudo dominarla y cometió el deplorable acto de la violación.
En esos momentos, cayó sobre Xalapa una terrible tormenta que, entre fuertes huracanadas, truenos y rayos, amenazaba con inundar la ciudad. El abominable acto concluyó con el asesinato de Carmen y el suicidio del cura en Los Berros.

El Callejón de la Calavera (Xalapa)

Cerca del Parque de Los Berros hay un callejón empedrado que los xalapeños llaman de La Calavera. Cuentan que allí vivía un matrimonio que se llevaba muy mal por el alcoholismo del marido.
Una noche, éste llegó como siempre borracho a su casa, donde lo esperaba enfurecida su mujer por ciertos rumores sobre su infidelidad. Cuando el esposo le pidió de cenar, ella lo atendió de mala gana y le dijo que mejor se fuera a dormir; incluso, salió a comprarle una botella de licor para que el hombre bebiera más y se durmiera pronto.
Al dar los primeros ronquidos, loca de celos, la mujer se fue al patio a buscar un hacha, regresando con la obsesión de cortarle la cabeza; efectivamente así lo hizo, quedando las cobijas tintas en sangre. Pensó:
-"Ya pasaste de tus 'sueñitos' al sueño eterno."
Con frialdad, envolvió la cabeza en una manta y la guardó en un tenate con cal; después metió el canasto debajo de la cama, enterrando el cuerpo en medio de la pieza.
Como los vecinos no veían a la pareja, avisaron al propietario del patio que nadie salía del cuarto. Por lo tanto, dieron cuenta a la policía, quien después de una minuciosa revisión, encontró el tenate con el cráneo y el cuerpo sepultado, pero ya en estado de descomposición.
Este crimen motivó para que se conociera la calzada como Callejón de la Calavera.

La calle de la Quemada (Córdoba)

Muchas de las calles, puentes y callejones de la capital de la Nueva España tomaron sus nombres debido a sucesos ocurridos en las mismas, a los templos o conventos que en ellas se establecieron o por haber vivido y tenido sus casas personajes y caballeros famosos, capitanes y gentes de alcurnia. La calle de La Quemada, que hoy lleva el nombre de 5a. Calle de Jesús María y según nos cuenta esta dramática leyenda, tomó precisamente ese nombre en virtud a lo que ocurrió a mediados del Siglo XVI.
Cuéntase que en esos días regía los destinos de la Nueva España don Luis de Velasco I., (después fue virrey su hijo del mismo nombre, 40 años más tarde), que vino a reemplazar al virrey don Antonio de Mendoza enviado al Perú con el mismo cargo. Por esa misma fecha vivían en una amplia y bien fabricada casona don Gonzalo Espinosa de Guevara con su hija Beatriz, ambos españoles llegados de la Villa de Illescas, trayendo gran fortuna que el caballero hispano acrecentó aquí con negocios, minas y encomiendas. Y dícese en viejas crónicas desleídas por los siglos, que si grande era la riqueza de don Gonzalo, mucho mayor era la hermosura de su hija. Veinte años de edad, cuerpo de graciosas formas, ojos glaucos, rostro hermoso y de una blancura de azucena, enmarcado en abundante y sedosa cabellera bruna que le caía por los hombros y formaba una cascada hasta la espalda de fina curvadura.
Asegurábase en ese entonces que su grandiosa hermosura corría pareja con su alma toda bondad y toda dulzura, pues gustaba de amparar a los enfermos, curar a los apestados y socorrer a los humildes por los cuales llegó a despojarse de sus valiosas joyas en plena calle, para dejarlas en esas manos temblorosas y cloróticas.
Con todas estas cualidades, de belleza, alma generosa y noble cuna a lo cual se sumaba la inmensa fortuna de su padre, lógico es pensar que no le faltaron galanes que comenzaron a requerirla en amores para posteriormente solicitarla como esposa. Muchos caballeros y nobles galanes desfilaron ante la casa de doña Beatríz, sin que esta aceptara a ninguno de ellos, por más que todos ellos eran buenos partidos para efectuar un ventajoso matrimonio.
Por fin llegó aquel caballero a quien el destino le había deparado como esposo, en la persona de don Martín de Scópoli, Marqués de Piamonte y Franteschelo, apuesto caballero italiano que se prendó de inmediato de la hispana y comenzó a amarla no con tiento y discreción, sino con abierta locura.
Y fue tal el enamoramiento del marqués de Piamonte, que plantado en mitad de la calleja en donde estaba la casa de doña Beatriz o cerca del convento de Jesús María, se oponía al paso de cualquier caballero que tratara de transitar cerca de la casa de su amada. Por este motivo no faltaron altivos caballeros que contestaron con hombría la impertinencia del italiano, saliendo a relucir las espadas. Muchas veces bajo la luz de la luna y frente al balcón de doña Beatriz, se cruzaron los aceros del Marqués de Piamonte y los demás enamorados, habiendo resultado vencedor el italiano.
Al amanecer, cuando pasaba la ronda por esa calle, siempre hallaba a un caballero muerto, herido o agonizante a causa de las heridas que produjera la hoja toledana del señor de Piamonte. Así, uno tras otro iban cayendo los posibles esposos de la hermosa dama de la Villa de Illescas.
Doña Beatriz, que amaba ya intensamente a don Martín, por su presencia y galanura, por las frases ardientes de amor que le había dirigido y las esquelas respetuosas que le hizo llegar por manos y conducto de su ama, supo lo de tanta sangre corrida por su culpa y se llenó de pena y de angustia y de dolor por los hombres muertos y por la conducta celosa que observaba el de Piamonte.
Una noche, después de rezar ante la imagen de Santa Lucía, virgen mártir que se sacó los ojos, tomó una terrible decisión tendiente a lograr que don Martín de Scúpoli marqués de Piamonte y Franteschelo dejara de amarla para siempre.
Al día siguiente, después de arreglar ciertos asuntos que no quiso dejar pendientes, como su ayuda a los pobres y medicinas y alimentos que debían entregarse periódicamente a los pobres y conventos, despidió a toda la servidumbre, después de ver que su padre salía con rumbo a la Casa del Factor.
Llevó hasta su alcoba un brasero, colocó carbón y le puso fuego. Las brasas pronto reverberaron en la estancia, el calor en el anafre se hizo intenso y entonces, sin dejar de invocar a Santa Lucía y pronunciando entre lloros el nombre de don Martín, se puso de rodillas y clavó con decisión, su hermoso rostro sobre el brasero.
Crepitaron las brasas, un olor a carne quemada se esparció por la alcoba antes olorosa a jazmín y almendras y después de unos minutos, doña Beatriz pegó un grito espantoso y cayó desmayada junto al anafre.
Quiso Dios y la suerte que acertara a pasar por allí el fraile mercedario Fray Marcos de Jesús y Gracia, quien por ser confesor de doña Beatriz entró corriendo a la casona después de escuchar el grito tan agudo y doloroso.
Encontró a doña Beatriz aún en el piso, la levantó con gran cuidado y quiso colocarle hierbas y vinagre sobre el rostro quemado, al mismo tiempo que le preguntaba qué le había ocurrido.
Y doña Beatriz que no mentía y menos a Fray Marcos de Jesús y Gracia que era su confesor, le explicó los motivos que tuvo para llevar al cabo tan horrendo castigo. Terminando por decirle al mercedario que esperaba que ya con el rostro horrible, don Martín el de Piamonte no la celaría, de amarla y los duelos en la calleja terminarían para siempre.
El religioso fue en busca de don Martín y le explicó lo sucedido, esperando también que la reacción del italiano fuera en el sentido en que doña Beatriz había pensado, pero no fue así. El caballero italiano se fue de prisa a la casa de doña Beatriz su amada, a quien halló sentada en un sillón sobre un cojín de terciopelo carmesí, su rostro cubierto con un velo negro que ya estaba manchado de sangre y carne negra.
Con sumo cuidado le descubrió el rostro a su amada y al hacerlo no retrocedió horrorizado, se quedó atónito, apenado, mirando la cara hermosa y blanca de doña Beatriz, horriblemente quemada. Bajo sus antes arqueadas y pobladas cejas, había dos agujeros con los párpados chamuscados, sus mejillas sonrosadas, eran cráteres abiertos por donde escurría sanguaza y los labios antes bellos, carnosos, dignos de un beso apasionado, eran una rendija que formaban una mueca horrible.
Con este sacrificio, doña Beatriz pensó que don Martín iba a rechazarla, a despreciarla como esposa, pero no fue así. El marqués de Piamonte se arrodilló ante ella y le dijo con frases en las que campeaba la ternura:
-Ah, doña Beatriz, yo os amo no por vuestra belleza física, sino por vuestras cualidades morales, sóis buena y generosa, sóis noble y vuestra alma es grande...
El llanto cortó estas palabras y ambos lloraron de amor y de ternura.
-En cuanto regrese vuestro padre, os pediré para esposa, si es que vos me amáis. Terminó diciendo el caballero.
La boda de doña Beatriz y el marqués de Piamonte se celebró en el templo de La Profesa y fue el acontecimiento más sensacional de aquellos tiempos. Don Gonzalo de Espinosa y Guevara gastó gran fortuna en los festejos y por su parte el marqués de Piamonte regaló a la novia vestidos, alhajas y mobiliario traídos desde Italia.
Claro está que doña Beatriz al llegar ante el altar se cubría el rostro con un tupido velo blanco, para evitar la insana curiosidad de la gente y cada vez que salía a la calle, sola al cercano templo a escuchar misa o acompañada del esposo, lo hacía con el rostro cubierto por un velo negro.
A partir de entonces, la calle se llamó Calle de la Quemada, en memoria de este acontecimiento que ya en cuento o en leyenda, han repetido varios autores, siendo estos datos los auténticos y que obran en polvosos documentos.

Leyenda de la Virgen de la Soledad (Córdoba)

Uno de los emblemas de la fe católica en nuestra ciudad es la Virgen de la Soledad, en torno a nuestra virgen se narra una leyenda que muchos afirman es cierta.

Cuenta la leyenda, que a principios del siglo pasado, el sacerdote de la parroquia, solicitó los servicios de algún artista que tallara las imágenes de San Antonio de Padua, de San José y de la Virgen de la Soledad.

Dos Jóvenes, que decían ser provenientes de la antigua Guatemala, se presentaron ante el cura y se comprometieron a realizar el trabajo en breve tiempo, poniendo como condición que no se les interrumpiera mientras realizaban su labor y que los alimentos les fueran dejados fuera del cuarto de la casa parroquial que se les acondicionó como taller.

Después de recibir un adelanto a cuenta de sus honorarios y el material necesario para realizar lo encomendado, se encerraron en el improvisado lugar.

Al cuarto día, la anciana encargada de llevarles la comida llamó con insistencia, ya que se encontraba por demás intrigada al no escuchar ningún ruido en el interior, alarmada por no recibir contestación, comunicó al cura lo que sucedía, éste después de confirmar lo dicho por la mujer, ayudado por varias personas, forzó la puerta que se encontraba fuertemente asegurada por dentro, y al lograr su objetivo, se sorprendieron grandemente al no encontrar a nadie dentro de la habitación, hallaron en cambio, intacta sobre la mesa, la comida que les habían proporcionado, junto con los 70 reales dados como adelanto, así como en una esquina, las imágenes completamente terminadas de San Antonio y San José y en el centro, la impresionantemente hermosa imagen de la Virgen de la Soledad, cuyo rostro, transido de dolor y sus manos angustiosamente entrelazadas, serían consideradas como una verdadera obra de arte, y objeto de la veneración del pueblo cordobés.

Las atribuciones que los creyentes de la fe católica le han otorgado, no se limitan a su místico origen, sino que se le ha considerado protectora de la ciudad, ya que los relatos que han circulado de padres a hijos a través del tiempo, cuentan que han sido varias las ocasiones en que la Virgen ha abandonado su pedestal, para evitar que alguna desgracia cayera sobre su pueblo, como sucedió en los tiempos en que se libraban las batallas por la independencia del país. Se dice que estando Córdoba sitiada por las fuerzas realistas del general Hevia, la Dolorosa se presentó ante el encargado de cuidar las municiones, que adormecido por los humos del licor ingerido, había dejado sobre un barril de pólvora, un cabo de vela encendido. Prevenido por la celestial aparición, éste despertó a tiempo de apagarlo, evitando así, una conflagración que seguramente habría acabado con la ciudad.

En otra ocasión la alarma cundió entre la población, al darse a conocer la noticia de que el ciclón Flora, habiendo devastado el norte del estado, se dirigía hacia este lugar, por lo que se tomaron las precauciones debidas, ya que se consideraba eminente su llegada, no obstante, éstas resultaron innecesarias, ya que el citado ciclón se desvió sin hacer daño a Córdoba, aunque su cola sí causó estragos en las poblaciones aledañas.

En las horas de mayor pánico, hubo quien aseguró haber visto, en los límites de la ciudad, a una hermosa mujer, quien tocada con obscuro y largo manto se negó a buscar refugio alegando que debía cuidar de sus hijos.

Lo asombroso de tal relato, se agrega, es que al día siguiente de ocurridos los hechos se encontraron manchas de barro en el manto de la Virgen.

La bruja de la Huasteca (La Bruja de Tepetzintla)

En el pueblo de Coopaltiquetl o Coopalchiquetl (hoy Coopaltitlan), a principios de siglo XX, poco antes de la Revolución, vivió una mujer llamada Marcelina Luis Morales, quien era muy conocida porque se trasformaba en animal, amparada bajo el manto oscuro de la noche; se valía de polvos y brebajes raros para dormir y dominar a su esposo Macario Cruz Hermelindo. Marcelina poseía un aspecto deprimente, puesto que daba la impresión de que no dormía ni comía nada, ya que tenía grandes ojeras y su tez demasiado pálida, sus largas uñas parecían garras de animal salvaje, su cabello era muy escaso y delgado hasta el grado de tener espacios vacíos como de calvicie.
Justo a las doce de la noche, en su alejado jacal, rodeado de árboles viejos con ramas grandes y sombrosas, en medio de ellos había un pozo profundo donde a esa hora Marcelina empezaba un extraño ritual: rociaba aguardiente con la boca y ahumaba con copal todo el lugar, hacía oraciones y rezos demoníacos, en forma extraña que hasta le cambiaba la voz. Posteriormente, hacía lumbre en el suelo y se ponía a brincar de un lado hacia otro durante un buen rato. En determinado
tiempo de estar saltando esa hoguera, se sentaba frente a una “lejía” (recipiente hecho de lodo forrado de ceniza para almacenar agua) y empezaba a untarse ceniza húmeda en las rodillas hasta que se desarticulaba sus extremidades, quedándose sin rodillas y pies. Su rostro se desfiguraba por completo, apareciéndole un hocico y colmillos punzantes, con las piernas y manos como ancas de rana. Entonces comenzaba a salir sangre espesa de su espalda e inmediatamente le brotaban unas alas negras y gigantes que le cubrían todo su cuerpo.
En silencio, bajo las sombras de la noche, pensaba y pensaba a qué hogar atacar. En cuestión de segundos empezaba a volar en busca de niños recién nacidos para chuparles la sangre hasta dejarlos vacíos. Su lengua era también enorme y larga que le permitía atacar a los bebés desde muy lejos, dándose prisa para que no la sorprendiera el día, pues de lo contrario nunca podría volver a su estado natural.
Una noche, Macario su esposo llegó sin avisar, cuando regresaba de un baile en San Juan a su casa y quiso darle una sorpresa a su mujer. Se escondió tras las plantas de maíz para poder acercarse; brincó la cerca de otate y se asomó por la ventana. El fuego de la hoguera iluminó su asombrado rostro, que se quedó sin habla ante lo que estaba sucediendo. Vio cuando Marcelina saltaba la hoguera de lado a lado y no le quedó la menor duda de lo que la gente andaba hablando de ella. ¡Sí, descubrió que su vieja era aquel temido y odiado ser del que tanto se comentaba en casi toda la sierra y que tantos males había causado! Era tan mala y vivía tan hambrienta que hasta a sus propios hijos les había chupado la sangre hasta matarlos.
Cuando Macario la vio trasformada, sintió que la odiaba con toda su alma. De pronto se quedó triste, sentado en la parte trasera del jacal, abrazando un morral empolvado que contenía ropa y un sombrero pequeño. Derramó unas lágrimas y se quedó con la mirada perdida, estática como si hubiese muerto. Ella, la mujer que tanto tiempo había sufrido la pérdida de sus tres hijos, era la misma que los había matado.
Entonces, Macario escondido horas después tras la puerta, espiaba, veía como se estaba quitando sus extremidades inferiores y una vez que se aseguró que ya no había nadie en el jacal, rápidamente tomó las rodillas y corrió hacia la sierra de Kotontoctepetl y en un lugar muy alejado, allá las enterró y regresó para terminar su venganza, de tal manera que cuando la bruja llegó de su terrible viaje, el jacal estaba ardiendo en llamas, todo estaba perdido. La bruja estaba desesperada, intentando apagar el fuego para poder recuperar sus extremidades, pero nunca lo logró y quedó convertida en animal sin rodillas hasta que se enfermó de tristeza y murió.
Se cuenta que su alma vaga en pena por los montes y pueblos cercanos. Hasta dicen que revive en los cuerpos de otros brujos o brujas, en el mes de marzo que es cuando iniciaba el año del calendario indígena, para seguir haciendo sus terribles males.

La Tepa del río Tancochin

En las márgenes y a todo lo largo del extenso Rio Tancochin.
Rio que nace en la caída de agua de la sierra de Kotontepetl, en el municipio de Tancoco, y atraviesa los municipios de Naranjos-Amatlán, Chinampa, y desemboca en la laguna de Tamiahua, entre Saladero municipio de Tlamalín y Reforma municipio de Tamiahua.
Se han escuchado infinidad de cuentos, relatos e historias, como la leyenda de la Tepa.
Según cuentan los abuelos, que la Tepa era una mujer muy hermosa, de cara bonita, alta, blanca, de larga cabellera, cuerpo bien torneado, prominentes pechos, ojos coquetos y sonrisa encantadora, cuando se apreciaba de lejos.
Pero al tenerla cerca su apariencia cambiaba totalmente. Su rostro se mostraba pálido y amarillo, sus ojos destellaban odio, su pelo desbaratado, las uñas de las manos largas y filosas y su boca demasiado enojo.
Cuando estaba contenta, interpretaba cantos muy tristes en una lengua extraña, totalmente desnuda se metía al agua y con un guacal se rociaba agua por todo su hermoso cuerpo, al bañarse mostraba todos sus encantos.
A las 12 del dia hay quienes aseguran que al llegar o estando en sus milpas;
De repente sentían una ráfaga de viento que movía todos los arboles, apareciéndose como por arte de magia, sin dejar pasar a nadie por el camino, llenando de ramas y abrojos todas las salidas.
Produciendo enorme susto a quienes lograban verla, que en ocasiones sufrían de fuertes fiebres y alucinaciones por muchos días, que algunas personas fallecían por esta causa.
Todos los habitantes de esta región por generaciones, sabían y conocían muy bien el mito de esta terrorífica mujer, que algunos ya venían preparados, con agua bendita, caña o aguardiente y algunas oraciones para alejarla del lugar.
Por eso cuando sembraban preparaban mucha comida, café, agua limpia para beber, pan, tortillas y aguardiente, para comer en la milpa, acompañados de sus peones.
No sin antes ofrendarle a la Tepa en un lugar especial del monte, de la siguiente manera;
En siete cazuelitas muy pequeñas de barro colocaban la comida, siete tacitas también de barro colocaban los líquidos (café, agua y aguardiente).
Colocaban en el improvisado altar dos copaleros con brasa e incienso, figurillas de barro y caritas sonrientes conocidas como teopaquetl, hoy en dia se conocen los restos de barro como tepalcates (vasijas divinas, porque se ocupaban para ofrenda).
Después de haber compartido con la Tepa y los peones, hacían un hoyo en medio de la milpa, donde depositaban todo lo que les había sobrado.
Para darle de comer a la madre tierra, también encima rociaban el agua, el café y el aguardiente.
Este ritual lo acostumbraban hacer en todas la comunidades huastecas, aunque en algunas de ellas nunca se hubiese aparecido la Tepa.
Se dice que allá por el año de 1960 en una comunidad de Tamiahua, conocida como Buena Vista, al levantar la cosecha, cuando estaban variando el frijol y a la hora de comer sus lonches.
Se les aparece de repente, estos eran cinco campesinos.
Entre ellos estaba uno llamado Melitón Santiago, quien saco su machete y le gritó “¡hasta aquí llegaste bruja, hija de tu humilde madre!
Se le echo encima a machetazos pero sin tocar su cuerpo, siguiéndola hasta perderse en el espeso monte, mientras ella se carcajeaba burlonamente.
Sus compañeros quedaron estáticos con sus pies engarrotados, gritando angustiosamente ¡Melitón, Melitón, Melitón………!
Después se arrodillaron implorándole a Dios que los ayudara, sin saber que Melitón había desafiado a fuerzas extrañas de la naturaleza.
Provocando la ira de la Tepa, que se lo llevo para siempre.
Juan uno de ellos corrió a la comunidad para avisar lo sucedido.
Al llegar al pueblo gritaba que ¡a Melitón se lo llevo la Tepa!
Todas las gentes del pueblo se organizaron para buscarlo por muchos días, mas no dieron con él.
Hasta que pasaron unos cuarenta días, cuando unos vecinos de Tampache encontraron el cuerpo disecado totalmente, la piel bien adherida al esqueleto, como si lo hubiesen chupado, solo por sus ropas lo conocieron ¡sí no había duda el era Melitón!.
Durante esos cuarenta días todas las milpas, sufrieron ataques de la Tepa, quebrando las plantas de maíz y arrancando de raíz las plantas de frijol, no así donde habían sembrado ajos y chonacates o cebollinas.
Y los demás campesinos empezaron a sembrar también ajos y chonacates en sus milpas, para alejar a la bruja llamada Tepa que no ha vuelto más por estos lugares.

EL DATO

Tancochin; es una palabra Téenek, que tiene su origen en un pueblo huasteco del municipio de Tamiahua, muy cerca de la desembocadura del rio con el mismo nombre.
Este pueblo huasteco se fundó allá por el año 1180, bajo el dominio del rey Atl-aua, rey de Tamyamija uxquae o Tamiahua la vieja.
De lo que se deriva su nombre, es porque los aldeanos de Tancochin navegaban rio arriba en improvisadas balsas para cazar venado, pasando por Yancucum (hoy la laja Moralillo) municipio de Tancoco, hasta la hermosa cascada que sirve de afluente a este rio, que anteriormente también se alimentaba del manantial de Agua Zarca que allá por el año de 2009 fue desviada para llenar la represa de Tlamalín y que paso a mermar la corriente de este importante rio.
Significado de Tancochin; en Téenek
Tan – canoa o balsa koch u tan – anchura chin – buche ch`iin – lanzar o lapidar
Ta`an – ceniza koch – carga ko`och - higuera ch`iin echar
Podría ser; echar carga a la balsa o echar carga de ceniza.
Descartando la hipótesis de que el nombre viene de tanco por Tancoco y chin por chinampa, ya que el pueblo de Tancochin fue antes que el de Tancoco.

El perro Fulgencio

Leyenda de Veracruz, México. Se dice que en el municipio de Alvarado, vivía un hombre de mala reputación, déspota, egoísta, ratero de cosechas y acosador de mujeres, se le dio por perseguir a las adolecentes, Fulgencio lograba entrar a las casas y abusar de ellas; las autoridades no atendían las quejas de los padres, algunos decidieron poner fin al problema esa noche acordaron a buscar a Fulgencio para darle una paliza, enfrente del pueblo y después que abandonara el pueblo; pero no lo hallaron, el tipo desapareció la gente dice que alguien lo previno que le dijeron que lo iban a linchar así que el solito se fue del poblado.
La calma regreso a Alvarado por unos días. Una señora fue al mercado cargaba sus bolsas de verduras, en la esquina vio a un perro negro muy feo le empezó a ladrar se le veía sus colmillos amenazantes la señora le tuvo miedo quedo sin moverse, su hijo se le acercó a ella y le dijo; mamá dale un pedazo de pan no te va hacer nada solamente tiene hambre, ella sacó pan de la bosa y se lo tiró al perro en ese momento el animal le mordió la mano y la atacó mas fuerte, el hijo intentaba alejar al animal se enfurecía más, pero solo le agarraba mas fuerte la mano se la destrozó por completo; todos los que vieron este ataque quedaron sorprendidos pues nunca había sucedido. Todos los que salían a la calle lo hacían con un palo por si las dudas se asomaba aquel perro maldito.
Comenzaron los rumores, el perro atacaba a mujeres, sobre todo a los niños que devoraba recién nacidos, que le arranco la pierna a una niña y que mordió el rostro a un anciano.
Dos campesinos regresaban de su jornada de trabajo y el perro se les asomó, los hombres quisieron ser amistosos con el perro, dejo ver sus colmillos y a gruñir el animal se le abalanzó a uno de ellos destrozándole la pierna; el ataque canino se supo en todo el municipio, la gente les dejó de dar comida a los perros callejeros con tal que no se acercara a nadie, el perro negro al tener hambre empezó a irrumpir los puestos del mercado los locatarios se unieron y le dieron de golpes con palos los golpes eran al lomo del animal, quien respondía con mordidas hasta que le dieron con mas fuerza en la cabeza y ya no pudo moverse más, el perro maldito no respiraba se escucharon gritos de alegría y aplausos.
Los presentes se aterraron cuando vieron que el perro se levanta lentamente y con las patas delanteras empieza arrancarse el pellejo de la cara, aquella piel negra y peluda del perro cayó al suelo y apareció Fulgencio burlándose de todos y corrió quedando con la boca abierta la gente que lo vio. Se cuenta que los perros de pueblo dejaron de recibir trato amable, se cree que Fulgencio vive en cada uno de ellos.

La casa embrujada de Orizaba

En lo que ahora es Sur 2 esquina con Poniente 5, frente donde se encontraba la tienda Contino, en la ciudad de Orizaba, Veracruz, México; se encuentra una casa antigua, de la que solo pueden verse unas ruinas desde el exterior. Un portón apenas oculta una entrada hacia lo desconocido. Tal vez de los casos más extraños y difíciles de comprobar o explicar debido a la falta de divulgación o al olvido que se le ha dado.
No se sabe precisamente en que tiempo sucedió el primer fenómeno sobrenatural de esta casa, pero la leyenda nos cuenta, que en la calle (actualmente frente donde estaba Contino) se encontraban jugando unos niños, lo que empezó como un juego, termino en un alboroto y escándalo, cuando uno de los niños lanzó una piedra hacia el interior de la casa, a lo que momento después, la misma regresó, cual si fuera de vuelta con misma fuerza hacia el exterior, en la calle, a lo que en ese momento, pasaba un automóvil por ahí, la piedra se incrustó en el auto, causando tremendo disgusto por el conductor, el cual dio el frenón y bajo rápidamente para buscar culpable.
La verdadera casa embrujada de Orizaba.
Entre el alboroto algunos testigos junto con los niños, habían dicho que efectivamente, la piedra había sido aventada hacia la casa, pero que había regresado misteriosamente; a lo que el dueño del automóvil, no dudo en ir a reclamar a la ya citada.
Dando golpes fuertes al portón sin recibir respuesta alguna, no tardaron en decirle que en esa casa no vivía nadie y que no se le conocía dueño; indignado por tal ridículo en plena vía pública, no tuvo más remedio que retirarse del lugar.
Hubo un tiempo en que el camión de la basura tardó en pasar por esas calles, y los vecinos, de esa casa entonces, tenían, entre otras cosas, desechos como láminas de cartón viejas, cajas; basura no tan escandalosa y propia como para ser tirada por ahí sin que nadie se diera cuenta, a lo que no dudaron en pensar, en arrojarla al patio de la casa, desde su propia azotea, ya muy noche a manera de que ninguna persona de por ahí se diera cuenta de lo planeado, arrojaron la basura; pero cual fue la sorpresa de los vecinos, que al amanecer, les reclamaron que había basura afuera y que daba mal aspecto a la calle; y efectivamente, la basura se encontraba afuera de la casa, como si ellos la hubieran sacado, extrañadísimos por lo ocurrido, no tardaron en confesar, que habían arrojado la citada al patio de la casa por la azotea, pero que no creían lo que estaban viendo, el aire no pudo haber levantado las láminas o cajas, pues no se habían escuchado ruidos en la noche, además para sacarla tendrían que haber abierto el portón y hubiera sonado rápidamente.
Los hechos extraños empezaban a darse y no tardó la gente en preguntarse, que habrá haya adentro, o como será, a lo que todas las anécdotas o historias contadas por los aventureros, entre los que eran (chavos banda, paracaidistas o simples curiosos) que lograron adentrarse a la casa, se resumía en lo siguiente:
“Quien sabe cómo le hicimos, el chiste es que pudimos meternos a la casa”… ó
“Yo solito me trepé por la pared y caí adentro”…
Una vez en el interior de la casa, comenzaban a sentir extraños mareos, síntomas de mala presión, ganas de desmayarse, algunos se les nublaba la vista, otros veían todo a su alrededor retorcerse y de repente, la sorpresa de su vida, cuando por arte de magia, aparecían afuera de la casa, como si no hubieran entrado nunca.
Ahora bien, muchos han optado por no hablar del tema, a lo que se ha ido quedando en el olvido, aunque por ahí se dice, que quien llegue a pasar una noche en esa casa, sin amanecer a fuera de ella, entonces se quedará con ella. Para muchos ahí termina el relato de “La casa misteriosa”, o “La casa donde te sacan”, mejor conocida; pero he aquí, tal vez una de las tantas respuestas a lo largo de este extraño misterio.

La Leyenda

Con la llegada del ferrocarril a la ciudad de Orizaba, el paso del puerto de Veracruz hacia la ciudad de México, se vio utilizado por una infinidad de gente, un adinerado extranjero, probablemente español, que antes había visitado la ciudad, se había enamorado de la zona y del clima de la región, por lo que de regalo de bodas para uno de sus hijos, planeaba la construcción de una casa, donde viviría y daría frutos de una nueva manera, en la ahora tierra de agua alegre; la construcción se daría entre los años de 1870 y 1880; terminada la importante obra, el hijo extranjero llegó con esposa e hijo en camino, la casa ya preparada con sirvientes y un mayordomo de edad, fueron las primeras personas que junto con el matrimonio, iniciaron la vida dentro del hogar de regalo. Y al transcurrir los años, conmemoraban un año más de estancia en la ciudad, de vida y de hogar; la servidumbre, que con el paso de los años se haría casi parte de la familia, iba siendo cambiada debido a la edad o a motivos por los que no ya no podían seguir trabajando.
Eran una familia que tenía mucha confianza en la gente aledaña y daban pues oportunidad a gente que demostrara ser trabajadora formar parte de diversos trabajos, sin embargo permanecía en pie la figura del mayordomo, firme, obediente y claro, el principal de la servidumbre, querido por parte de la familia ya que era parte del inicio del nuevo hogar en nuevas tierras. Un amigo querido del hijo extranjero había venido de viaje a Orizaba, para probar suerte en el país, por lo que se había hospedado en la casa un cierto tiempo, su amistad incrementaría y la suerte daría fruto, como si destino fuese, el que llegase a esa casa tendría la fortuna asegurada, agradecido por la hospitalidad, un buen día partió para el interior del país para seguir con lo suyo, pero él tenía en su corazón, la valiosa vida y aprecio de la buena familia y de la casa.
Al pasar el tiempo falleció el padre del hijo extranjero, heredando éste su gran fortuna, lo que le dio más importancia y no tardó en resaltar entre la cuadra, por ser de los riquillos extranjeros.
Pasaron pues, alrededor de 25 años, ya el hijo extranjero, ahora era abuelo y cabeza importante de la familia, sus hijos casados, estaban repartidos en otras partes de México, pero la más chica de la familia permanecía soltera, y de la misma manera como el tiempo dejaba su huella en la ciudad, en los muros y en la familia, el mayordomo ya estaba grande, podría decirse que era como otro abuelo en esa casa; paso un mes en cama enfermo, bastante agradecido por el trato de el señor de la casa y la familia claro, pues aunque había servido a ellos, ellos ahora estaban a su lado ya en sus últimos momentos.
La leyenda cuenta, que un estafador, de buena pinta, ya merodeaba el asunto, y aprovechó la situación que estaba sucediendo, para hacerse pasar por un mayordomo con experiencia, debió haber sido un hombre no tan grande de edad, pero que ya se le verían algunas canas y también un pillo criminal que solo veía la manera de adentrarse en lugares de fortuna para saquearlos. El mayordomo falleció en la casa y al poco tiempo se presentó este hombre, que de alguna manera logró convencer al señor para tomar papel importante, es decir el hueco del antiguo mayordomo; estuvo estudiando al pasar de unos cuantos años, las actividades de la familia, sus conocidos, sus momentos importantes, se fue ganando la confianza poco a poco, pero por las noches, solo pensaba en la fortuna resguardada en alguna parte de la casa, en la manera de salir huyendo con todo sin ser descubierto, pero pasaba mas el tiempo.
Por fin la noticia esperada, la última hija del señor, se iba a comprometer, era una ocasión de fiesta, y que mejor fecha para hacerlo que en el aniversario 30 de la casa, fiesta que los que vivían en la misma, tenían en sus corazones por alrededor de los 30 años de su estancia, donde cada aniversario se reunían a comer, bailar y charlar sobre ese primer día de su llegada, se recordaba el aniversario 10 cuando había griterío de niños en la casa, o el aniversario 18 cuando se comprometió el primogénito de la familia; pues ahora era el aniversario 30 y el compromiso del último hijo, sería una cosa en grande, vendrían los demás hijos ya casados, familiares, amigos nuevos y antiguos, vecinos, y demás conocidos, hasta la misma servidumbre de años atrás vendría, aquellos que hubieran pisado la casa estaban de ley invitados a la celebración 30 de la llegada a un nuevo país.
El festejo iba a estar de lujo, al ahora nuevo mayordomo, ya le habían tocado 5 años de conmemoración, pero ahora se le encomendaba llevar la rienda de toda la servidumbre, ver que los preparativos estuvieran listos, las invitaciones, el banquete, y todo a la perfección, pues claro estaba, que sería mucho mayor que en los años posteriores; fue entonces cuando tan emocionado el señor le dijo al mayordomo que adoraba esa fecha en especial, que era como un día de suerte que les había tocado, el mejor regalo que su padre pudo haberle dado, y que iba mantener y hacer florecer mientras viviese; le contó al mayordomo como su fortuna incrementaba en vez de bajar casi año con año, a lo que el mayordomo solo le prestaba atención como queriendo sacar en donde se encontraba resguardada, y haciendo uso de sus tretas e inspirando ya confianza le saco la verdad, la fortuna estaba oculta en una parte de la casa tras unos libreros, lo más seguro es que haya estado en antiguos baúles, le dijo que le ayudará a ver de cuanto dispondrían para la fiesta, y al mostrar el inmenso dinero al mayordomo, este se quedó perplejo al ver la fortuna, desde ese día, se dice que no dormía tratando solo de planear como sacar toda esa cantidad, como la iba a gastar y adonde iría, seguramente se perdería en algún otro país con tanta riqueza.
Faltaba ya como un mes para la fiesta de los 30 años y el mayordomo no ideaba aún la fechoría; la leyenda dice que sentada en la mesa, la familia, ya listos para comer, la hija menor aún no lo hacía, a lo que el señor de la casa dijo:
- Aquí no come nadie, sino comen todos.
Y efectivamente llegó la hija menor y al sentarse iniciaron la comida, en ese momento al mayordomo se le vino la idea para lograr distraer a todos y así poder salir sin prisa ni escándalo y robar lo planeado.
Una mañana, el mayordomo se levantó temprano y fue a esos lugares ocultos donde venden polvos para limpiar, insecticida, aromatizante, o veneno, a lo que pidió un polvo raro, que según él, para deshacerse de unas alimañas, ahí le explicaron que una vez ingerido el veneno, el animal se cansaba y le provocaba sueño, a lo que tiempo después fallecía dormido.
Llegó el día de la fiesta y comenzaron a llegar las amistades de todas partes, vecinos de la cuadra, demás familiares, mientras que en la cocina se preparaba todo para la comida, unas versiones de la leyenda, dicen que el mayordomo echo el polvo en una crema o sopa de sabor raro, otra que echo pequeñas porciones del polvo en los saleros y que se sirvió un platillo que necesitaba de bastante sal para saborearse, otra que fue en las bebidas, o los postres, tal vez, el malvado, hizo todo lo mencionado, pero de alguna manera coloco el somnoliento veneno en la comida; y llegó pues la campana anunciando la hora de sentarse en la mesa, junto con el brindis, para esa hora ya todos los invitados deberían haber llegado, pues el compromiso se llevaría minutos antes de la comida, y a si fue; con aplausos y alegría se sentaron todos a comer, en una mesa adaptada y bastante grande, estaban todos los que habían vivido y pisado la casa, amigos hasta del interior y exterior del país habían venido para la celebración; el mayordomo se encontraba sumamente nervioso por el crimen que iba a cometer, pues había mucha gente reunida, niños, gente mayor, jóvenes, todos llenos de alegría, él sabía que iban a probar su última comida, pero ya no había marcha atrás, el solo hecho de pensar en toda la fortuna lo hacía regresar a ese plan despiadado.
Ya todos estaban sentados en la mesa, el señor de la casa dio un discurso antes de probar alimento, mirando a cada uno al rostro, agradeciendo por su asistencia a la importante fiesta, deseando lo mejor a cada uno, y claro está, larga vida, a lo que muchos no evitaban el derramar una que otra pequeña lagrima, por lo emotivo que representaba; cuenta la leyenda, que cuando el señor se dirigió al mayordomo para agradecerle por ocupar el lugar de su buen amigo que había fallecido en la casa, el cobarde todavía lloró, ¿sería de tristeza por el tremendo asesinato que iba a cometer? ¿ó de alegría por la fortuna de la que se iba a ser?, en fin, el mayordomo tuvo extremo cuidado de no ingerir el alimento marcado, del cual todos probaron, y que debió haber sido un platillo fuerte para no ser rechazado por nadie.
Terminaron de comer y se levantó la mesa, tal vez muchos fueron a la sala a charlar, algunos a bailar, los niños a jugar a las recamaras, nadie podía marcharse pues faltaba el pastel, que por lo general se sirve entre hora y hora media terminada la comida, el mayordomo ya solo contaba los minutos para que diera efecto; los niños comenzarían a dormir uno por uno, seguido de los mayores, de seguro fueron cayendo de sueño una persona seguida de otra, extraño ha de haber sido para los últimos que quedaban despiertos, mirando sorprendidos como caían de sueño los invitados, se dice que cuando empezaban a sentir el sueño, primero veían que todo les daba vueltas y se mareaban repentinamente, sin embargo no tardaría en llegar su propio turno.
Una vez que los invitados estaban durmiendo, el mayordomo se apresuró para cargar las bolsas de dinero en una carroza y así escapar, sin embargo, historias dicen, que cuando cargaba ya las ultimas bolsas o cofres, una voz se le metió en la cabeza, que le dijo:
- ¿Crees que te vas a salir con la tuya?
- ¿Crees que no te van a encontrar?
- Tan pronto llegue la ley, encontrarán los cuerpos y al no encontrar el tuyo sabrán que tu fuiste…
El mayordomo entonces se vio en una desesperación, esa voz tenía razón, tenía que hallar la manera de deshacerse de los cuerpos, la leyenda dice, que entonces se le vino la idea de echarlos en la fosa séptica, destaparía el hueco destinado a los desechos bajo la casa y ahí depositaría los cadáveres, primero juntaría a todos los cuerpos y los arrojaría uno por uno, sin embargo la voz lo torturaría de nuevo:
-Parece que encontraste la solución, pero, ¿qué te hace pensar que van a caber todos ahí?, se te va llenar rápido ¿no crees?
Esa voz volvía a entorpecer los planes del mayordomo, pues tenía razón de nuevo, los cuerpos ocuparían demasiado espacio, a lo que se le ocurrió la macabra idea de cortar los cuerpos; lo más seguro es que haya utilizado un hacha o serrucho para descuartizar a toda la gente, y así en pedazos poder arrojarlos al interior de la fosa.
Ya era muy noche y a unas cuadras antes de la casa se veía un jinete, era el amigo de la familia, que hacía tiempo le habían brindado tal hospitalidad en la casa, quien sabe cuál habrá sido la demora, quizás le ocurrió un pequeño accidente, un camino equivocado, tal vez él mismo decidió llegar tarde o el destino o la misma casa, sabía lo que iba a ocurrir y cual si fuera una manera de pedir ayuda, este amigo de la familia sería el único que no llegaría a tiempo a la comida, no la probaría y claro está no moriría, sino que sería el testigo y salvación decente para que el mayordomo no acabara con los demás cuerpos que faltaban.
La leyenda dice, que este amigo de la familia decidió dejar el caballo unas cuadras antes para ir a pie, recordar aquellas calles, y claro está, dar la sorpresa a el señor y a la familia por su llegada inesperada; al llegar encontraría el silencio del hogar marcado, tal vez las luces apagadas, no solo de esa casa, sino también de la demás cuadra, durmiendo de seguro, pero no, pues habían asistido a la comida y se encontraban ahí, sigilosamente con el juego de llaves que poseía cuando antes vivía, logró entrar, dando pequeños y silenciosos pasos, pero, al entrar pudo notar el tremendo olor a muerte que desprendía el lugar, parecía no creer lo que estaba viendo, se dirigió hacia donde escuchaba fuertes golpes, que era donde el mayordomo daba tremendo castigo a los cuerpos de cada invitado; entonces la voz regreso a la cabeza del mayordomo:
-¿Lo ves?, te dije que te iban a encontrar, ahora no puedes esconderte.
Entonces el mayordomo dio un grito de desesperación de ¡Nooo!, ¡cállate!, ¡Nadie lo sabe!, y el amigo veía como se daba golpes en la cabeza, ante tal escena de ver partes y sangre, le dieron ganas de vomitar, pero no podía ni moverse por el inmenso terror que sentía, y a si dando un mal paso choco con una botella que al caer dio tremendo cristalazo en el suelo…lo que llamó la atención del mayordomo, el pobre tipo se escondió tras un sillón, temblando y casi a punto de orinarse, ahí, se acercó el mayordomo con sigilosos movimientos, tratando de no darse a notar, buscando el motivo extraño por el que aquel estruendo había sucedido, y el tipo se encontraba en una completa desesperación mental, entre si me defiendo, me quedo quieto, ¿Qué hago?, y el mayordomo de seguro con puñal en mano deseando que lo que la voz le había dicho, no fuera cierto; fueron minutos de miedo silencioso, entonces el mayordomo prosiguió a continuar con su fechoría y terminar de una vez, entonces el tipo, al ver que el mayordomo se retiró, cegado de miedo salió de su escondite casi a punto de llorar, pero lo más seguro es que hasta se haya mordido los dedos para no gritar de terror y dar nuevos anuncios; la historia cuenta que antes de salir, él tipo escucho una voz que le dijo:
-¿Por qué te vas?, ¿Ayúdame?
Pero el tipo lleno de miedo, salió de ahí, caminó la calle y llego hasta su caballo para escapar lo más rápido.
Entrada la madrugada, el mayordomo ya había terminado de arrojar los cuerpos a la fosa y lavado el cuarto de sangre y de seguro la fortuna debió estar lista para partir en una carreta, sin embargo ya tapando el hueco de la fosa, se dice que la voz entró una última vez para ya no salir de la cabeza del mayordomo, quien sabe cuántas cosas taladraban los pensamientos del mayordomo que no lo dejaban descansar, tal vez eran las voces de la gente que lo atormentaban, tal vez la voz de la casa o del antiguo mayordomo que había fallecido ahí, o el mismo mal que una vez se le había metido en la cabeza, sin embargo no aguantaba tal conflicto, versiones dicen que tomó el puñal y se lo clavo en la cabeza, otras que resbaló y cayó al hoyo y ahí herido entre la sangre y los cuerpos mutilados, vio el mismo rostro de terror en persona que le hablaba en su cabeza.
Al otro día, las cuadras vecinas permanecían quietas, cuando llegó la autoridad máxima y se presenció lo ocurrido, se dice que la casa clamó ayuda de justicia por segunda vez, pero las autoridades al ver toda la fortuna ya lista para salir, decidieron ocultar toda evidencia, rellenaron y taparon el hueco de la fosa, confiscaron los muebles, y claro las demás casas vecinas, todos esos bienes pasaron a dividirse entre los testigos, quienes para lavarse todavía más las manos, vendieron las casas vecinas a otra gente tercera, otros las derribaron para construir nuevamente y a si vender, pero la casa permaneció ahí sin moverle, tal vez por respeto o por miedo a no tocar lo que ahí había sucedido.
Se dice que la casa pasó a manos de un importante adinerado de Orizaba, quien al tratar de venderla, tuvo que primero ir a mostrarla en su interior, sin embargo al hacerlo, la casa como si pareciera saber el interior de las personas, hizo que sintiera mareos para después hacerlos aparecer afuera, la casa ya no confiaría más en nadie, por lo que personas que entrarán serían rechazadas inmediatamente. Sin embargo cuentan que si alguien llega a ser aceptado por las almas o por la casa, quien logre pasar la noche sin amanecer o aparecer afuera, entonces, la casa será suya.
Pero, y ¿qué paso con el amigo de la familia, el tipo que fue testigo de todo?, un rumor dice que se fue al interior del país, donde quedó mudo del susto, sin embargo al pasar el tiempo le regresó el habla y asi contó todo su drama, tal vez lo creyeron loco, tal vez la historia se deformó al pasar de voz en voz, pero ahora lector tú la sabes, y solo resta decir, que el juicio está en ti y tu sabrás que decir.